viernes, 20 de noviembre de 2009

Se ahogan las palabras

Los momentos más difíciles es cuando te olvido. Y buscando el consuelo de quien se ve incapaz de soportar sus propios pecados, intento recordarte y pensarte, pero en la agonía de un mundo absorto en su banalidad, sólo consigo encontrarme con la mía. Quizá sólo sea cuestión de suerte, pero los atisbos de benevolencia que a veces me concede alguna ingenua y extraviada mirada de complicidad, me regurgita aquella intragable condolencia de creerme acertado. En el propio devenir de los párrafos que sin escribir, repito una y mil veces, aparece, de nuevo vacías, la fragancia del aire; aquella que endulza y mata, que escucha y absorbe las voces de los años, de las culturas y de las historias que hacen Historia. La mía es una pequeña coma de una frase que no me pertenece y, aun así, tengo la molesta esperanza de narrar las sentencias de mi insensatez. En mi mente, la ortografía de un discurso sin lenguaje, y ante tamaño desvarío, y ante la exacerbación de lo fútil, yo, pero sin coma. A pesar de mis intentos, carezco de conocimientos y de voluntad; baste advertir que siempre he terminado por no corregir mis faltas con la mera disculpa de no escribir texto alguno. Y sin embargo, creyendo hoy que la vida se condensa en uno de los continuados repliegues de banalidad a los que nos tiene acostumbrado, creí conveniente disfrazar la verdad de verdad. Nótese la insuficiencia del lenguaje utilizado, nótese la vida, nótese aún sin ortografía ni rima. Y siendo yo poeta por la experiencia que me ofreció el pastoril oficio de ser sin creer y de creer sin ser, aprendí el arte de ningún oficio y el oficio de ningún pescador. Nótese la irracionalidad, nótese el antojo y también la vulgaridad. Nótese que todo cabe, que la vergüenza de mis palabras no es mía, y que su responsabilidad me aflige. Nótese el lenguaje torpe y ágil, bruto y frágil, tonto y vulgar, de quien contrapone sin más, conceptos dispares, testarudas idioteces, caprichosas tonterías y, nótese sobre todo, la vida. Pero seguía pensando yo, si el yo es capaz de pensar y no es más bien el yo quien es pensado, que podría zafarme de tan inhóspita y hospitalaria tarea: la de escribir. Y me propuse hacerlo, así que me devengo a ello, prometiendo que ya descansaré en próximas palabras.