Nunca me he considerado un ser egoísta aunque las palabras que aquí se imprimen quieren dar un veredicto discordante. Y la verdad es que todo es mentira y, la única solución que se dibuja en el lejano horizonte, solo puede verse con los ojos cerrados. El tiempo, siempre cruel y ajeno, a veces se apiada de nuestra alma y nos recompensa con un denso bálsamo; el olvido. Y sin embargo, éste, ahora ausente, nos recrudece la realidad. Pero tan solo hemos de darnos cuenta de que lo que se avecina no es un final, sino más bien un principio (pero que tonterías dicen a veces las palabras). No quiero caer en tontas habladurías, sino en absurdas esperanzas. Tan absurdas como es la vida, y tan esperanzadora como te permitas ser a ti misma. Cada elección siempre está delimitada por las posibilidades, pero creo que una de tus elecciones puede ser ampliar el prisma de las contingencias que te ahogan.
La vida se extiende a nuestro alrededor, pero en determinados momentos ésta se repliega sobre nosotros con signos de interrogación. Quizás no sepamos responder, pero siempre podemos sentir. Y siento que no te puedo ayudar; no si esto significa afirmar. Y por esta misma razón, si es que se puede hablar así, deja de pensar más allá del mismo lugar en que te encuentras. En mi camino espero encontrarte pronto y verte feliz. De todo se aprende y he aprendido que las palabras se quedan cortas o, yo no las empleo como debiera. Y, en todo caso, he de arrepentirme y declararme un egoísta; no mereces una simple carta, aunque mi naturaleza es tan mezquina que solo puedo hablar con el alma en forma de literaria ficción; finjo que me permito hablarte como quisiera. Y aun estas palabras resuenan sin eco porque he mutilado todo aquello que me delata; soy así de triste; ni puedo expresarme en el nefasto anonimato de una carta que se entrega en la distancia. Yo mismo me siento un personaje que se derrama en tinta y que se esconde en la vida. Y por ello te pido disculpas, por ser tan “poético” en palabras y tan frío y descuidado en persona. Y puesto que esto es un texto déjame alzar la imaginación; recuerdo el día en que nos presentaron y la impresión que me causaste; tan empollona y callada que no te hacía con él. Y ahora, por el contrario, no te imagino…
Que egoísta soy, como si fueras una protagonista en la novela de mi vida; sólo te leo atrapada en los borradores que quise escribir y en donde estábamos todos juntos. No se si se estropea un camino, se abre otro o si me desgajo en ellos. Pero una vez más me excuso por pagarte en palabras que no valen nada a cambio de los momentos vividos y por vivir. La “literatura”, en mi caso, es falta de franqueza y valentía. Quizás las palabras que nacen mudas no deban escribirse nunca. Pero mi voluntad quiere gritar, aunque solo pueda susurrar, como me siento hoy. Y me siento confuso, por ti y por mí. Por la desdichada novela en que me empeño en pensar; y se escurre, y yo también. El dramatismo es mi sello de identidad en el mundo poético, y creo que solo se debe a mi infortunada frialdad real. En todo caso espero que estas líneas obren igual que aquellas manualidades que de pequeños hacíamos en el colegio para nuestras madres; que te demuestren mi afecto aunque sea a través de la manifestación de mi torpeza.
PD: A veces me pierdo entre las pequeñas hierbas del camino; no dejes de estar allí para hacerme sentir agraciado. Y no confíes en mí y recuérdame que estás, aunque estés lejos.

ni aburrida, ni interesante ni psssss, emotiva!!!
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