miércoles, 1 de abril de 2009

Carta 4

Destinatario el miedo
Desde la sinceridad de la noche

Estimado/a,

Una noche que no recuerdo, hablando con un tío mío (siendo él mismo suyo) me dijo que ante los cambios nos sentimos más vulnerables. Que los sueños se revelan en nuestra contra, que los sentidos se disparan haciéndonos sentir frágiles y desahuciados. Y que la muerte se nos aparece en pequeñas dosis en forma de grandes cambios. ¿Y qué es la muerte sino la alteración más colosal que podamos concebir? No recuerdo bien si sus palabras eran suyas, o más bien mías, más la autoría de aquellos pensamientos resuenan hoy en mí; en una especie, mal hecha, de versos;


Quisiera escribir y decirte
que no quiero sentirte en mi pecho;
que aún me quedas lejos
pero en la agonía de mi vida
aún te acecho.
Receloso de que me atrapes antes de tiempo,
de que me robes mis sueños;
de que no me dediques el suficiente tiempo
como para desgarrar de mí, tu huella
y en vez de ella
llenar mi corazón de amor,
de tanto amor, que hasta tu presencia me sea placentera
Pero no me abandones
ni si quisiera por mis temores
que aunque bien me afligen grandes dolores
quisiera yo tenerte cerca.
Suficiente para olerte
y pensar que cuando llegue el día
que has de tenerme (y yo a ti)
sentirte como una amiga
que en la sinceridad de la noche
me explique el significado de la vida, entera.
¡Más ahora aléjate!
que te siento muy cerca
quizás vengan cambios y ahora no los quiera
quizás sea solo un quizás
y tan solo sea que todo lo demás me da pena.



Atentamente suyo, yo.

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